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Interés General

Estrés

La perfecta biología del cuerpo humano está diseñada para activar mecanismos fisiológicos que nos permiten responder a situaciones de riesgo. Estas situaciones donde podemos ser lastimados o dañados, el miedo nos alerta para evitar el peligro. Cuando percibimos el peligro, se activan señales eléctricas en redes neuronales que conectan entre sí múltiples áreas cerebrales. Éstas en conjunto, disparan una cascada química de neurotransmisores y hormonas hacia la circulación sanguínea. Moléculas que finalmente estimulan sistemas del organismo que nos llevan a reaccionar mediante lucha o huida para protegernos. Durante este mecanismo fisiológico de estrés, toda la energía corporal se redistribuye entonces principalmente hacia el sistema musculoesquelético, el sistema cardiovascular, el sistema respiratorio y los sentidos, permitiéndonos así elaborar una estrategia de supervivencia en cuestión de segundos. Mientras esto sucede, por otra parte, quedan en pausa temporalmente otras funciones fundamentales del organismo, como por ejemplo la digestión, la actividad inmunológica, funciones de la piel y la regeneración celular entre otras. Estas funciones, cuando el peligro ha terminado, retoman su actividad, volviendo tu cuerpo a su estado fisiológico normal.

Aunque es una respuesta intensa, no es negativa en sí misma para el organismo; tiene la función de protegernos ante amenazas reales. Si un ladrón pone en tu garganta un cuchillo mientras te insulta para que le entregues tus pertenencias, esto es una amenaza real, tu organismo se alista para responder rápidamente; tal vez ágilmente te comunicas mientras entregas todo para no ser lastimado, o quizás reaccionas con tu habilidad física para escapar. Sea cual sea la respuesta tu organismo te apoya alistando tu cuerpo para defenderte.

Sin embargo en el ritmo de vida como hoy lo conocemos, aprendimos inconscientemente a convertir las actividades cotidianas en preocupaciones amenazantes, como si se trataran de peligros mortales. Vivimos en una carrera diaria en modo automático detrás de la zanahoria del próximo «hacer» para una vida mejor. Motivados por la falsa sensación de acercarnos a la meta de un futuro grandioso, nos perdemos en rutinas que nos dejan girando en la rueda de hámster sin fin. De esta forma generamos amenazas mentales, que comienzan con un pensamiento que anticipa la posibilidad de peligro, por ejemplo: «voy a llegar tarde al trabajo», le damos toda nuestra atención haciendo que se teja una red de pensamientos que crecen tal cual una bola de nieve, agregando más ideas como: «si llego tarde pierdo el trabajo», «sin trabajo no tendré dinero», «sin dinero no podré pagar mis deudas», «por las deudas voy a perderlo todo»…. Nuestro cerebro toma el pensamiento con una realidad convirtiéndolo en una amenaza real para la vida, activando en el organismo toda la respuesta al estrés como si necesitaras sobrevivir, cuando en realidad no está pasando nada.

Sin saberlo hacemos de este estado de estrés fisiológico protector una forma de vida. Todo es motivo para anticipar posibilidades que la mayoría de las las veces son negativas o desafortunadas. Permanecemos atrapados en la mente generando miedo desde estas posibilidades, fomentando una elevación constante de hormonas y neurotransmisores, que resulta en un estrés constante o crónico. La respuesta protectora de nuestro organismo deja de serlo para convertirse en el inicio de nuestro propio desequilibrio, el elevado nivel de sustancias del estrés pasa a ser el origen del deterioro de nuestra salud.

Cada día se sigue reforzando más este mecanismo de estrés, que al pasar a ser permanente va sepultando la capacidad propia del cuerpo de autorregularse. Y como para todo exceso, el cuerpo tiene un limite. Con los años tu cuerpo no puede sostener más el impacto del estrés crónico y se dispara la posibilidad de enfermar.

Estamos tan desconectados de nosotros mismos; con nuestra atención tan perdida en el sin número de actividades y distracciones externas, que no nos damos cuenta de que la causa del estrés es creer en todos los pensamientos que tenemos cada día. Los pensamientos son solo pensamientos, si tuviéramos la atención en nosotros mismos por un instante, podríamos tomar distancia de la mente y darnos cuenta que siempre tenemos la opción de creer o no en ellos. Son solo una propuesta de la mente para nosotros. Así como en su función el corazón se contrae para bombear sangre y los pulmones se encargan de oxigenarla, la mente piensa, esa es su tarea. Podemos tener más de cien mil pensamientos en un día, pero tenemos la opción de elegir entre ser observadores de este movimiento mental y escoger cuales pensamientos son útiles; o convertirnos en una marioneta que se balancea hacia cada idea que aparece en la mente.

Desactivar la respuesta al estrés en el organismo para recuperar el equilibrio no requiere apagar la mente o dejarla en blanco. Tampoco se trata de luchar contra el estrés. Sino de empezar a cultivar la conexión con nosotros mismos, con nuestra capacidad de observarnos, de permitirnos hacer una pausa consciente. Esa pausa nos invita a preguntarnos: ¿qué está ocurriendo conmigo en este momento? y en lugar de reaccionar automáticamente, nos da el espacio para observar los pensamientos que aparecen, las emociones y sensaciones corporales que surgen. Al darnos ese espacio para sentir todo lo que emerge en nosotros sin reaccionar, interrumpimos el piloto automático del miedo y abrimos una espacio hacia el presente. Esta simple pero poderosa práctica de redireccionar la atención, es un volver a nosotros mismos y permite que el cuerpo vaya poco a poco desactivando la cascada química del estrés y todos los sistemas van retornando a su función adecuada. Es un proceso que no puedes controlar, necesitas ser paciente y gentil contigo mismo. Nos gusta la inmediatez para solucionar todo, parar puede ser desafiante pero es muy gratificante. Más atención cultivamos hacia nosotros mismos cada instante, mayor posibilidad de ver que tenemos la opción de elegir conscientemente qué pensamientos usar y cuáles soltar; este simple ejercicio se convierte en un acto de autocuidado y amor propio.

El bienestar no se encuentra en hacer más, ni siquiera cuando el hacer sea de actividades de disfrute; sino en aprender a parar y permitirnos simplemente ser, respirar y vivir desde la presencia. En esa presencia podemos restablecer la salud y abrir paso a una vida más plena y consciente. Si no puedes creer que algo tan simple sea la solución, has la prueba, verifícalo en tu propia experiencia, date la oportunidad, es una posibilidad disponible para todos.

Interés General

Detox integral

Ahora que empieza un nuevo año, tenemos una perfecta oportunidad para hacer espacio a un detox integral.

Al avanzar en el camino del autocuidado, paralelo a ir nutriendo nuestros aspectos humanos: físico, emocional, mental y espiritual; una parte muy importante del proceso, es ir limpiándonos de todo aquello que no nos hace bien. Es decir, eliminar toxinas y sustancias dañinas para nuestro organismo. Un proceso que puedes llevar a cabo mientras continúas tu rutina de vida.

Para este fin, el cuerpo tiene órganos específicos que realizan esta función; como el hígado, los riñones, los pulmones, el sistema digestivo y también la piel. En principio las sustancias tóxicas van siendo eliminadas eficientemente por estos órganos; pero a lo largo de los años vamos saturando nuestro sistema y estas dejan de eliminarse satisfactoriamente y se van acumulando. El cuerpo tiene un límite hasta el que va a permitir la saturación de tóxicos; pero siempre antes de su máximo, nos empezará a enviar señales de alerta. Aprende a escuchar las señales de tu cuerpo, así sabrás cuando necesitas hacer una limpieza y conocerás lo que es benéfico y lo que no lo es para ti. Cuanto más limpio está el cuerpo más rechaza lo que no le conviene.

Ante una temporada de excesos, el organismo se puede llegar a sobrecargar e incluso terminar en una enfermedad.  La buena noticia es que existen varias estrategias simples a través de la alimentación y el ayuno, que son poderosas para apoyarnos en la tarea de limpieza. Además el movimiento del cuerpo al hacer actividad física y el consumo frecuente de agua, le dan un empujón al organismo en la eliminación de tóxicos. Por su puesto no olvides el contacto con la naturaleza.

Pero no solo es importante la limpieza de nuestro cuerpo físico. Un detox integral también nos invita a dar una mirada a otros aspectos. Como aquello en lo que elegimos poner nuestra atención y a lo que puede influir en nuestro bienestar. Por ejemplo, ¿qué tipo de información estás recibiendo a través de tus sentidos: qué lees, qué escuchas, qué ves?,¿estás sintiendo tus emociones o las estas acumulando?, ¿estás siendo transparente y claro a la hora de comunicarte en tus interacciones o estás guardando lo que realmente piensas?, ¿puedes observar tus patrones de pensamiento sin engancharte en ellos?.

Por tanto, a los excesos en la comida tenemos que sumar el estrés emocional y mental. El cual para la época puede generarse en los encuentros familiares, donde usamos máscaras para encajar u ocultar nuestros verdaderos sentimientos; de los gastos extras en los festejos, regalos y viajes, que desequilibran nuestras finanzas; e incluso del desorden en nuestros hábitos de sueño y descanso, por los trasnochos y exceso de actividades. Los altos niveles de adrenalina y cortisol resultantes, aumentan la carga de trabajo de nuestro organismo y su capacidad de desintoxicarnos.

El detox integral es una forma práctica de desintoxicación a todo nivel. Sin embargo, si nunca has hecho un detox, debes saber que la movilización de toxinas del cuerpo puede ser como una tormenta de desechos que se liberan y circulan, pudiendo causar efectos desagradables y en algunos casos adversos. Como resultado afectar el estado de ánimo, la capacidad de concentración y nuestro comportamiento.  Por eso, además de tu entusiasmo, necesita ser un proceso guiado que te prepare para una desintoxicación amigable y segura. Nunca debes introducir cambios bruscos, tu cuerpo necesita adaptación.

En el aspecto físico, primero es fundamental no forzar tu cuerpo a desintoxicarse. Elige el paso a paso de opciones simples, amables y  naturales. Identifica y evita cualquier factor externo adicional que pudiera ser tóxico, como fármacos innecesarios, alcohol o drogas entre otros. No prolongues caprichos por mucho tiempo, date cuenta cuando es suficiente. Suspende o disminuye los alimentos que no te benefician. En general incluye paulatinamente variedad y cantidad de aquellos alimentos benéficos, así como mucha agua. Prefiere cocciones que conserven los nutrientes.

También recuerda que cada uno de nosotros es único, por tanto nuestros cuerpos responden de forma diferente. Lo que es bueno para mi tal vez no lo es para ti. El más alto nivel de evidencia viene de verificar en tu propia experiencia cada recomendación.

Por otra parte, desintoxica tu mente y tu aspecto emocional. Asume la responsabilidad completa por tu sentir, identificando y expresando adecuadamente tus emociones; no las reprimas ni lances tu carga a los demás. Cultiva la honestidad contigo mismo sobre lo que sientes y piensas, no justifiques nada. Empieza a observar tu diálogo mental. No asumas o supongas el significado de nada, pregunta y busca aclarar. No tomes nada personal, cada quien vive en su propio mundo, teniendo sus propias preocupaciones.

Si das espacio a la introspección verás como la desintoxicación mental y emocional serán una respuesta espontánea y natural. Las relaciones humanas son la mejor herramienta que puedes usar para observarte y conocerte.

Dale espacio al descanso: «il dolce far niente» que se traduce como «el dulce placer de no hacer nada» frase famosa y culturalmente significativa en Italia; que valora el disfrute de los pequeños detalles cotidianos y el simple placer de existir sin la presión ni la obligación del hacer. Date tiempo de descanso de calidad sin distracciones; relájate sin necesidad de estimular tus sentidos con un sin fin de actividades.

Los beneficios del detox integral los verás inmediatamente reflejados en tu salud. Aumentan tus niveles de energía; mejora la calidad del sueño y la capacidad cognitiva; disminuyen las molestias digestivas; y te sentirás liviano y en paz.

Recuerda la importancia de sostener amorosamente en el tiempo, aquellos hábitos que te traen bienestar y evita retomar hábitos que sabes pueden causarte daño.

Si quieres profundizar la información y realizar un detox integral; te espero para guiarte y acompañarte. ¿Aceptas el reto?

Principios del Bienestar Integral

Sueño reparador y descanso

Dormir es vital para los seres humanos, necesitamos dormir. No es casualidad que una persona pase alrededor de una tercera parte de su vida durmiendo; claramente no se trata de algo superficial o sin importancia para la vida. El sueño no solo es un momento de descanso, sino un proceso activo y necesario para mantener la salud.

El sueño es indispensable porque permite la reparación del cuerpo cada día. Mientras dormimos el cuerpo elimina toxinas acumuladas en el organismo y realiza procesos para la restauración de tejidos. Un sueño de calidad es soporte de nuestro sistema inmunológico; favorece la regulación hormonal que a su vez regula el metabolismo y el apetito; e influye directamente en la claridad y la capacidad mental, así como en la plasticidad neuronal. Además, dormir bien es vital para el estado de ánimo y el equilibrio emocional.

Todos en algún momento y por alguna razón hemos experimentado los efectos de la falta de sueño. Recuerdo desde cuando era estudiante de medicina el impacto del cansancio en mi cuerpo y en mi capacidad mental; cuando no dormía aumentaba mi sensibilidad al frío y al ruido, tenía dolores musculares y veía borroso, tenía más hambre, me sentía embotada, me tornaba irritable e impaciente y necesitaba forzarme para entender, razonar y mantenerme despierta. Empezó en sexto semestre cuando iniciamos las actividades de práctica clínica en el hospital; después de un día de labores académicas y asistenciales, debíamos continuar con un turno nocturno; creo que no alcanzaba a la media noche sintiéndome bien, ni siquiera el beneficio de tener veinte años podía sostener el esfuerzo para estar activa y ser eficiente. Los profesores decían que era cuestión de tiempo mientras nos acostumbrábamos. Lo cierto es que por muchos años pensé que yo era uno de aquellos que nunca lo logró. Sin embargo, después me di cuenta que no es cuestión de costumbre, el descanso es una necesidad biológica indispensable; aún cuando todavía hoy muchos colegas digan que se trata de flojera.

La ausencia de sueño lleva a un deterioro progresivo de nuestras funciones neurológicas. Provoca un desbalance cerebral hasta el punto de afectar la capacidad de concentración, la toma de decisiones y la resolución de problemas; puede también influir en la disminución de los reflejos y el control del movimiento. No dormir altera la forma como nuestro cerebro procesa la información y consolida la memoria y el aprendizaje; así, como disminuye la flexibilidad y la creatividad. Al no dormir podemos tener dificultad para gestionar las emociones y manejar el estrés, incluso presentar alteraciones del estado de ánimo y la motivación, con mayor riesgo de cursar con ansiedad o depresión.

Necesitamos dormir y tener un sueño de calidad. Dormir bien es esencial para el equilibrio de todos nuestros aspectos humanos: físico, emocional, mental y espiritual. El sueño en algunos de sus beneficios es un familiar cercano a la meditación (introspección). Puede verse como un estado donde nos desconectamos del mundo exterior y nos sumergimos en profunda conexión interior. Durante las fases de sueño profundo, el cerebro procesa emociones, recuerdos y experiencias, permitiendo que se liberen tensiones y bloqueos emocionales, que en último favorecen la autocomprensión y puede permitir obtener claridad sobre algunas situaciones. En este sentido es comparable con el resultado natural de la introspección, donde accedemos al subconsciente y desde allí nos hacemos conscientes con pensamientos y sentimientos de experiencias que estaban reprimidas, olvidadas o sin resolver, teniendo la oportunidad de gestionar todo lo que surge, para sanar mientras nos conocemos.

Pero no solo dormir en la noche influye en nuestra buena salud. Los espacios de descanso durante el día, son muy importantes para mantener el balance en todos nuestros aspectos humanos. Espacios de descanso sin hacer, solo de ser conscientes de nosotros mismos, de respirar y quedarse en el presente. Infortunadamente, en el ajetreado ritmo de la vida actual, hemos entrado en un movimiento incesante que da demasiado valor a la actividad. Vivimos en automático con el impulso de hacer sin parar, de tener que estar aprovechando el tiempo, haciendo siempre algo productivo y motivados permanentemente por estar logrando algo.

Cuando empecé a observarme, fue muy sorprendente percibir esta sensación de estar siempre de afán, como apurada, incluso estaba presente si me quedaba quieta. En ese ritmo vivía la vida, en una carrera hacia adelante buscando algo que me faltaba, sin tener claridad de lo que era, queriendo alcanzar algo que no tenía en ese momento y que pensaba que estaba en lo que hacia. Aún cuando quería descansar de tanta actividad, había mucha incomodidad en parar y no hacer. Es increíble como hasta los momentos de pausa o vacaciones estamos ocupándolos con acciones que consideramos productivas.

Siendo anestesióloga algunos días era programada en la sala de cirugía de urgencias, generalmente en esta sala no empezábamos como las demás con cirugía programada desde las 7:00am, sino que en el transcurso de la mañana surgían repentinamente los procedimientos; a lo que voy es que en ocasiones teníamos espacios de algunas horas sin actividad. No puedo olvidar que en este tiempo no podía quedarme esperando, iba a buscar en qué ocuparme, tal vez otra sala en la cual apoyar, leer algún libro o en último buscar con quien conversar; si me quedaba quieta empezaba a surgir culpa de no hacer. Ni que decir de las vacaciones que siempre estaban planificadas para ser aprovechadas. No paramos. Llenamos cada minuto del día de actividad y distracción.

Hoy tengo la certeza que todo proviene de la incapacidad de estar con nosotros mismos, del desconocimiento que tenemos de nuestra esencia verdadera y el necesitar estar siempre distraídos de esa incomodidad interna que percibimos vacía y que necesita sentir permanentemente la adrenalina que se mueve hacia algo por alcanzar para sentir que estamos vivos.

Hemos olvidado la riqueza y el impacto del descanso en la salud. Olvidamos que en realidad no nos falta nada en este momento para estar en dicha. Eso parece imposible, cuando nuestra mente nos bombardea con pensamientos de todo lo pendiente por resolver o arreglar.

Parar, cerrar los ojos y llevar la atención a nosotros mismos. No necesitamos más que la atención que observa la respiración, que observa lo que perciben los sentidos, que observa los pensamientos que tenemos y que simplemente permite la grandeza de existir sin tener que hacer. Un momento de relajación profunda sin sueño, tan simple y tan absolutamente valioso, pero nos negamos a aceptar que en algo tan fácil esté la respuesta para resolver todas nuestras dificultades y complejidades, incluso nuestras enfermedades.

Dormir y descansar forman el último principio que considero fundamental para el bienestar integral. Iré compartiendo contigo varias recomendaciones de higiene del sueño y ejercicios de atención plena que te permitirán verificar lo que te entrego en estas letras.

Principios del Bienestar Integral

Alimentación consciente

Alimentación consciente es ser responsable completamente por las elecciones que hacemos a la hora de alimentarnos. Esto implica una combinación entre varias acciones: elegir comer alimentos saludables, hacer preparaciones con amor, degustarlos en absoluta presencia, ingerir las cantidades adecuadas en el momento en que el cuerpo lo requiere y disfrutar del autocuidado en pro del bienestar. Por su puesto todo va de la mano de cultivar la conexión con nosotros mismos, porque así vamos aprendiendo a escuchar nuestro cuerpo, sabiendo desde nuestra intuición lo que necesita, lo que le es beneficioso y aquello que le produce daño o no le sirve. Vamos observando, conociendo y acompañando el proceso de digestión, con elecciones en coherencia con nuestro amor propio.

Sin que sea una crítica, es un hecho que la gran motivación al decidir lo que comemos es la influencia de la tradición, la cultura y el valor que damos al sabor. Creo que en realidad son aspectos dominantes a la hora de elegir nuestras comidas. Esto no es malo ni bueno, pero elegir un camino de bienestar integral nos empuja naturalmente en la creciente apertura a la conciencia de que lo que comemos nos está nutriendo; está apoyando nuestro cuerpo para estar saludable y es amoroso elegir lo que nos hace bien.

Alimentarnos conscientemente impacta en todos los aspectos del bienestar. Es una experiencia transformadora en lo físico, emocional y mental, que surge de una profunda conexión consigo mismo.

Al momento de elegir los alimentos que comemos, es importante recordar que necesitamos unos nutrientes básicos para el adecuado funcionamiento del organismo. Son estos nutrientes los que van a convertirse en la estructura de nuestras células e impulsar el sin número de reacciones que acontecen en su interior para la vida. Somos lo que comemos. Aunque nuestro organismo tiene la capacidad de regenerarse y recuperar la salud cuando le damos la atención y los materiales que necesita; no esperes a vivir una enfermedad para darle una mirada a la forma como te alimentas. Nutrirnos adecuadamente tendría que empezar a ser el motor que impulse nuestra alimentación, algo que no tiene porque excluir el placer y el disfrute a la hora de comer. Para esto necesitamos soltar las ideas simplistas sobre la alimentación saludable. Por ejemplo, dejar de pensar que comer frutas y vegetales era una obligación de la infancia innecesaria en la adultez; y empezar a ver la verdadera protección que recibimos de estos alimentos, ahora que prevenir es más vital que nunca.

También necesitamos considerar que es urgente dejar de envenenarnos con lo que ingerimos que son cosas comestibles pero no son alimentos. Comemos muchos procesados que contienen sin numero de sustancias artificiales como conservantes, espesantes, potenciadores de sabor, aromatizantes, colorantes, etc., que no poseen ningún beneficio y menos un valor nutricional. Comestibles que sí van agregando carga extra de trabajo a nuestro hígado y toxinas a nuestro organismo. No son alimentos pero los hemos normalizado tanto que no nos damos cuenta del daño que nos causan; tampoco vemos cómo a través de estos podemos ingerir kilos de sustancias nocivas cada año. Observen por ejemplo en los supermercados como se dedican mínimo tres o cuatro pasillos a este tipo de cosas comestibles y cómo son las que llenan la mayoría de nuestros carritos de mercado.

Por otra parte, existe demasiada información y muchas veces contradictoria sobre la forma adecuada de alimentarse saludablemente. Este hecho genera confusión para quienes necesitan elegir entre las diferentes recomendaciones que se promocionan para el bienestar. Por eso es importante primero, individualizar. No estoy de acuerdo en generalizar dietas que surgen según la moda del momento. Cada uno de nosotros responde de forma diferente a un tipo de dieta. Por ejemplo, la dieta keto (cetogénica) que es una estrategia terapéutica, puede ser útil de forma complementaria temporal en personas con patologías específicas, pero nuestro organismo no está diseñado para vivir en cetosis permanentemente.

Segundo, en la medida en que se cultiva la autoobservación, cada quien necesita experimentar y verificar lo que es bueno para su salud y aquello que definitivamente no le hace bien. La orientación por un profesional puede ayudarte en saber los detalles de una determinada forma de alimentarte; pero conocer tu cuerpo y aprender a escucharlo es lo que va guiando el camino hacia una forma adecuada para ti; teniendo presente que en la medida en que tu conciencia se expande, también las nuevas formas de alimentarte se seguirán transformando.

Recuerda que cualquier cambio en tu alimentación se implementa progresivamente, es un proceso que necesita de tu paciencia y disposición para probar nuevas opciones. Tendrás momentos de gran motivación y otros con poca ilusión. Da apertura a la frustración como parte del proceso, sin juzgarte ni castigarte; siempre apreciando y celebrando todos tus pasos hacia el bienestar. No da buen resultado imponerte una nueva forma de alimentarte o un estilo de vida si no hay un deseo interno genuino de cambio. Tampoco funciona como una exigencia autoimpuesta desde el miedo a enfermar o a ganar peso; es una oportunidad de dar una mirada a todas las ideas que desde el miedo te impulsan a comer saludable y transformarlas en actos auténticos de amor a ti mismo.

Siempre estamos volviendo a nosotros mismos, a conectar con nuestra esencia y desde ahí ser coherentes en nuestras acciones y elecciones. Tu alimentación es otro aspecto que cambia cuando decides dar una mirada hacia adentro. En ese sentido, la única persona que puede encontrar la forma adecuada de alimentarte eres tu mismo. Permíteme guiarte y mostrarte las opciones del camino.

Principios del Bienestar Integral

Gestión emocional

Las emociones son naturales y son indicadores internos de nuestro estado de ánimo. El ánimo no es estático, por esto es normal que las emociones produzcan cambios en nuestro ánimo a lo largo del día. Además las emociones se expresan de forma diversa, tienen una intensidad particular, se asocian a sensaciones en el cuerpo y pueden ser percibidas como agradables o desagradables, generando por tanto placer o incomodidad cuando aparecen. Por su naturaleza son normales y pasajeras; similar a como aparece y desaparece una ola en el mar, la emoción empieza, llega a su punto máximo y luego desaparece.

Sin embargo, aunque la manifestación emocional es algo natural, sentir emociones es más bien un problema para la mayoría. Desde muy temprano en la vida aprendemos a reprimir las emociones, es algo que copiamos de forma inconsciente de nuestro entorno y se transmite de generación en generación. Según la época en que nos corresponda vivir, van surgiendo muchas ideas sociales que sin saberlo nos van empujando a que algo tan natural, se convierta en un inconveniente. Ideas como el positivismo extremo que nos obliga a tener que estar siempre bien, o como los hombres no lloran ni sienten miedo o las mujeres tienen que ser suaves y delicadas, se arraigan tanto en nosotros hasta el punto de determinar como se tendrían que expresar nuestras respuestas emocionales.

Las emociones no son ni buenas ni malas. Al interpretar muchas emociones como algo negativo, impedimos su fluir natural pensando que no tendrían que presentarse. Es cierto que aceptamos algunas de ellas y las validamos porque nos agrada su sensación, como por ejemplo sentir alegría; pero en general, estamos descartando la mayor parte del variado y humano abanico de nuestro sentir emocional por el desagrado que nos produce. Como adultos vivimos como contenedores emocionales y al final estamos desconectados de la vida y de nosotros mismos, insistiendo en estar bien, esforzándonos por mostrarnos positivos y entusiastas, cuando en realidad estamos en un alto nivel de negación, viviendo en automático y sin sentir.

Como resultado adicional somos bombas de tiempo andantes, porque el cuerpo tiene un limite hasta el que puede tolerar tanta acumulación. Pueden empezar a presentarse síntomas que hablan del deterioro de nuestra salud, como insomnio, ansiedad, desmotivación o irritabilidad y en un momento inesperado podemos llegar al punto de explotar en ataques de violencia, ataques de pánico o caer en una profunda depresión, no solo afectándonos a nosotros mismos y nuestras actividades sino rompiendo nuestros vínculos interpersonales. Incluso me atrevo a afirmar que el cien por ciento de las enfermedades tienen un origen emocional.

Cuando inicié mi camino de autoconocimiento, naturalmente empezaron a aflorar todas aquellas emociones que estaban guardadas en la memoria de las células de mi cuerpo. Surgían emociones como tristeza, ira y miedo que eran muy incómodas y tenía la idea de que sufría y que yo estaba mal cuando las estaba experimentando. Sin embargo en la medida en que tuve más y más apertura a sentir las emociones sin juzgarlas, me di cuenta de varias cosas:

Primero, si me entregaba en simpleza a observar y permitir lo que pasaba en mi cuerpo cuando tenía una emoción, se convertía en algo más liviano y simple aunque fuera incómodo. Si atiendo y permito las emociones, estoy sintiendo conscientemente. Segundo, que la emoción no nos hace sufrir, claro que hay una intensidad física con ciertas emociones, pero son los pensamientos que tenemos sobre la emoción y la situación que vivimos los que nos hacen sufrir. Vivimos una situación, la emoción aparece y ahí empezamos a tejer una historia con los pensamientos sobre la forma como interpretamos la situación; como pensamos sobre la situación es en realidad lo que causa el sufrimiento, porque son los pensamientos los que originan resistencia y pelea con lo que simplemente es.

En mi experiencia fue desafiante abrir paso a la incomodidad, como la mayoría intentaba sostener un estado de entusiasmo y bienestar y rechazaba sentirme triste, asustada o furiosa. Funcionaba en la vida y lograba lo que me proponía pero cargaba permanentemente una densidad de insatisfacción nostálgica que no me permitía sentirme plena. Fue un proceso reaprender a sentir y recibir cualquier emoción con apertura; apertura a atender mi humanidad emocional cuando se presenta, en honestidad conmigo misma y disposición para permitirme sentir sin drama, un movimiento más ligero sin sufrir. Además, algo hermoso y completamente nuevo para mi, fue el empezar a experimentar descanso, serenidad y ligereza después de hacerme cargo de mis emociones, una expansión interna que viene cuando nos vaciamos de lo que ya no necesitamos y el disfrute de la paz que siempre está detrás del sentir, se disolvió completamente la carga que llevaba y comenzó a florecer la plenitud.

Gestionar las emociones de forma adecuada es reaprender un aspecto propio del ser humano. Cuando dejas salir las emociones dejas espacio para expandir tu conciencia y vivir en dicha. Te invito a explorar con curiosidad tu mundo emocional y abrir otra puerta hacia el bienestar.

Principios del Bienestar Integral

Consciencia corporal

Tu cuerpo físico es el vehículo que te permite tener esta experiencia humana. A través de tus sentidos conoces el mundo y eres capaz de percibir cada uno de sus detalles. La facultad del movimiento te permite desplazarte a donde desees y explorar todas las actividades posibles. La capacidad del lenguaje te concede la oportunidad de comunicarte. Cada órgano y sistema se engrana en un perfecto funcionamiento para que pulse la vida en ti. Y algo fantástico es que posees la habilidad de dirigir tu atención a cualquier parte dentro de ti o a tu alrededor. Poder sentir y reconocer las sensaciones que tu cuerpo experimenta, te da sentido de ti mismo, te permite identificar las necesidades que tienes y pone en evidencia la permanente interacción con el entorno.

Consciencia corporal es justamente la capacidad de darte cuenta de tu cuerpo en cada instante, de percibir cada sensación que surge físicamente. Desde nuestra biología la capacidad de percibir depende del desarrollo y la maduración del sistema nervioso. Pero yendo más allá de lo físico, es tu consciencia quien te permite escuchar tu cuerpo y discernir sus necesidades, así como moverte en forma consciente y no en automático, te trae a estar presente y a tomar contacto con tu mundo interior.

Sin embargo para la mayoría de nosotros no es algo evidente, más bien vivimos desconectados de nosotros mismos, distraídos en el hacer o inmersos en nuestros pensamientos. La atención hacia el propio cuerpo solo aparece en presencia de alguna sensación desagradable e intensa que nos saca de los automáticos comportamientos del día a día.

Es frecuente que sea un síntoma incómodo o incapacitante como por ejemplo el dolor, el que lleve nuestra atención hacia nosotros mismos. Es común escuchar que muchos tienen la percepción de que es en la noche al irse a dormir cuando aparece una sensación o aumenta su intensidad. En realidad lo que sucede es que al parar las actividades y distracciones del día, nuestra atención deja de estar perdida en el hacer y vuelve a aquello que sentimos en el cuerpo, momento en que se hace evidente.

Existe también la posibilidad de lo opuesto; es decir, que aquellos con mayor consciencia de si mismos, acompañen la variada gama de sensaciones que presenta su cuerpo continuamente y puedan detectar aún cambios muy sutiles.

Estando completamente consciente de tu cuerpo dispones de la posibilidad de reconocer las señales de lo que necesitas en cada momento. Incluso conocer con precisión aquello que una sensación te está informando para diferenciar por ejemplo si lo que sientes es hambre o ansiedad, cansancio o tristeza, indigestión o miedo.

Cualquier actividad puede ayudarte a entrenar tu capacidad de consciencia corporal; las mismas rutinas de la vida diaria pueden servir para empezar a hacer este ejercicio de observación. Basta por ejemplo con que lleves la atención a las partes que están involucradas en un movimiento con curiosidad para explorar lo que sucede mientras ocurre; o que uses la información que recibes a través de alguno de tus sentidos como estímulo para mantener tu atención enfocada.

Por otra parte sabes que realizar cualquier tipo de actividad física es benéfico para tu salud. Encontrar aquella que mejor funciona para ti, según tus capacidades y preferencias hace que sea además un espacio de disfrute. Incorporar ejercicios de conciencia corporal en tu rutina de actividad física no solo es posible, sino que potencia su beneficio. Una forma sencilla de hacerlo, por ejemplo, es usar los movimientos repetitivos para llevar a ellos la atención o enfocarte en aquellos que requieren estar coordinados con la respiración.

La consciencia corporal es fundamental para empezar a cuidar de ti. Un paso más en el camino hacia tu bienestar integral

Principios del Bienestar Integral

Respiración consciente

Nuestra experiencia humana comienza y termina con una respiración; y respirar será el movimiento que nos acompañe permanentemente en la vida, incluso cuando la mayoría de las veces no nos percataremos de este maravilloso hecho.

Desde la medicina podemos explorar la respiración en su mecánica y química fisiológica para reconocer en ella un proceso vital perfecto que permite al cuerpo funcionar correctamente y mantener su regulación. Pero respirar es mucho más que la función biológica mediante la que inhalamos y exhalamos aire con el objetivo de oxigenar nuestras células. Permitiéndonos una mirada trascendental, respirar puede convertirse en la puerta de entrada a la introspección y el inicio del camino hacia la conexión con nosotros mismos.

Cuando respiramos conscientemente estamos llevando nuestra atención al movimiento y a cada una de las sensaciones que se generan durante los ciclos respiratorios. Respiración consciente se trata de darse cuenta de lo que se siente al respirar, incluido su ritmo y profundidad. Observamos el acto de respirar sin necesidad de modificar la forma natural como está ocurriendo en un determinado momento. Esta observación nos saca del estado distraído en que frecuentemente nos encontramos. De nuestra atención dispersa en las tantas actividades que nos propone el afuera, nos trae a estar presentes con lo que ocurre en nuestro interior. Una función biológica cotidiana que podemos convertir de forma simple en una práctica que puede enriquecer profundamente nuestra experiencia de vida.

Respirar conscientemente se va transformando en una herramienta que favorece nuestro bienestar. Atender la respiración promueve un estado de relajación. Estado que va permitiendo al cuerpo detener la cascada bioquímica neuro-hormonal que está continuamente andando como consecuencia del estrés. No es nuevo mencionar que el ritmo de la ajetreada vida actual mantiene nuestro sistema nervioso en modo de supervivencia. Activo, aún cuando no existe una amenaza real para la vida. Son las preocupaciones y angustias de la anticipación incesante del día a día, el detonante que sostiene el modo encendido de huida o ataque del cuerpo. Y por supuesto el consecuente impacto negativo en la salud que resulta de permanecer nadando en adrenalina y cortisol. Atender la respiración nos trae al momento presente donde podemos darnos cuenta que no está pasando nada. No hay amenaza, solo posibilidades mentales.

Otros beneficios de entrar en un estado de relajación mientras somos conscientes de la respiración son la modulación del sistema inmunológico favoreciendo la respuesta antiinflamatoria y también la posibilidad de potenciar nuestro enfoque mental.

Respirar conscientemente nos va llevando a sintonizar con nuestra experiencia interna, un encuentro con nosotros mismos más allá de nuestro cuerpo físico. Va subiendo poco a poco el volumen de nuestra atención hacia lo interno mientras disminuye la agitada atención hacia lo externo.

Por otra parte la respiración nos recuerda la interdependencia que tenemos con el mundo que nos rodea; inhalar y exhalar nos mantiene en constante intercambio con el entorno. Desde esta perspectiva, respirar conscientemente se convierte en un puente entre lo individual y lo universal. Aunque nos percibimos como seres individuales, somos parte del todo, respirar nos muestra la unidad con la totalidad de la existencia.

Empieza a dar atención a tu respiración, empieza a nutrir tu conexión interior y disfruta de la liviandad que tu profundidad tiene para ti.

Principios del Bienestar Integral

Introspección

Pequeña Muestra de Vida

Sin duda la introspección es el principio base del bienestar integral, porque es la conexión con nosotros mismos la que guía el camino hacia la salud y la plenitud; la que permite cultivar el amor propio para transformar todos los demás aspectos.

Considero la introspección como el arte de ser consciente. La observación consciente que realizamos de nosotros mismos, que va permitiendo darnos cuenta de lo que sucede dentro de nosotros y a nuestro alrededor, y también la forma como interactuamos con todo. Un proceso que nos lleva por el camino del autoconocimiento, donde usamos nuestras emociones y pensamientos para descubrir nuestra forma individual de percibir el mundo.

La introspección no tiene una connotación religiosa o mística; es la forma de explorar nuestro aspecto espiritual con la simple atención hacia adentro. Aunque no es una técnica, existen muchos métodos que nos permiten hacer esa mirada interna, variados métodos similares en su fin pero diferentes en su forma de aplicación práctica, cada uno de ellos inspirados en lo que ha funcionado para seres humanos que seguramente desde la gratitud de su despertar deciden compartir su experiencia con los demás y que al igual que la diversidad humana que somos, son métodos que resuenan de forma individual.

Cuando a través de la introspección empiezas a entrar en contacto con ese espacio interno, empieza el proceso de autodescubrimiento. Empiezas a darte cuenta de ti y vas encontrando los patrones que están detrás de las situaciones de tu vida, el lugar desde el cual surgen tus acciones.

Poco a poco irán saliendo a la luz las ideas y creencias detrás de tu realidad, dejando al descubierto profundos sentires grabados en la memoria celular de tu cuerpo, que afloran en petición de ser atendidos para poder ser liberados. Esto es maravilloso, porque puedes indagar en todo lo que empiezas a ver sobre ti, para encontrar los miedos ocultos, los apegos, las necesidades y las cargas de la historia del pasado, que tan pronto como son vistas pueden ser transformadas, se van disolviendo en la medida que llevas atención y amor a esos espacios, dejándote en una liviandad motivadora y permitiéndote empezar a crear una realidad diferente para tu vida.

Nada de lo que nos ocurre es coincidencia y todo puede ser usado para conocernos, si una situación está al frente nuestro tenemos una oportunidad de observar, de ir explorando para encontrar el aprendizaje que esconde. Tu propia observación te va dando las indicaciones que necesitas para saber por donde ir, irás refinando e integrando hasta tener la certeza de la claridad de lo que cada experiencia trae para ti.

Disponemos de mucha información al respecto, pero no es la teoría sino la práctica del día a día lo que hace la diferencia, el generar el espacio y el hábito de parar para dar atención a nuestro interior, es tiempo de conexión interna que nos nutre e impulsa, es tiempo oro invertido. Es la conexión con el corazón la que nos permite ser observadores momento a momento y tiene el potencial de dar paso a la expresión espontanea y auténtica de tu esencia.

Te invito a cerrar los ojos y empezar la aventura.

Introducción

Liderando tu propia vida

Una de las elecciones más satisfactorias en mi experiencia humana ha sido decidir desde el corazón querer ser feliz y por tanto tomar responsabilidad absoluta por mi vida. No estoy hablando de la responsabilidad por las obligaciones derivadas de nuestros roles o de cumplir con los deberes domésticos y las tareas laborales, tampoco la responsabilidad por pagar las cuentas o cumplir las normas de buen ciudadano.

En realidad hablo de la posibilidad innata que poseemos los seres humanos de ser los líderes absolutos de nuestra vida, empoderándonos desde nuestro interior, desde nuestra esencia y dejando la dependencia y la necesidad de culpar al entorno para justificar nuestras circunstancias. Asumir en un gesto amoroso consigo mismo la responsabilidad de avanzar hacia el bienestar y la dicha, accionando con confianza en el propio ritmo, tomando las decisiones que van impulsando el paso a paso del camino, en coherencia con nuestro sentir y anhelo más profundo.

Elegí empezar con este tema porque en el primer año que lleva Equilibrium acompañando a las personas en el deseo de recuperar su salud o mejorar su bienestar, he notado que aquello que mantiene a muchos en un lugar de quietud o en un movimiento circular sin buen resultado respecto a su vida, es la queja y la culpa que se proyecta sobre los demás en una inútil exigencia al afuera de que resuelva sus dificultades, problemas e insatisfacciones. Elección, que los deja pasivos frente a su existencia, en resignación con su destino y en espera de un cambio futuro que alguien o algo traiga, y sin querer o poder ver las infinitas simples posibilidades disponibles que tienen hoy para iniciar su camino a estar en armonía, salud y plenitud, posibilidades que surgen naturalmente cuando dices si y decides hacerte cargo de ti mismo.

No es mi intención juzgarlo, no hay correctos o incorrectos, menos aún cuando he estado en ese lugar, pero es un hecho que cedemos el poder personal y la libertad de ser los conductores de nuestra vida, para convertirnos en víctimas de nuestro mundo.

Vivimos los días en tal automático que ni siquiera nos damos cuenta que no hay obstáculos en el camino, solo estamos nosotros y nuestras ideas limitando la expresión de nuestro ser. Es cierto que cada quien está haciendo lo mejor que puede con la conciencia que tiene en cada momento, pero aunque deseamos un cambio en la vida y en la salud, estamos tan acostumbrados a la forma como llevamos los dias, que seguimos haciendo lo mismo todo el tiempo; tal vez intuimos el desafío que implica ver lo que no queremos ver, cambiar lo que no queremos cambiar y renococer nuestra propia inconsciencia; desafío ante el que lo más fácil es optar por elegir la inercia de lo conocido, la inercia de lo mismo de siempre, porque ¿qué más da si ya lo sabemos hacer así?.

Necesitas tomar la decisión, decir ya no más de lo mismo. Necesitas asumir tu poder personal y la responsabilidad por ti. Dejar de cumplir las expectativas familiares, sociales y culturales de la época y el lugar al que pertenecemos, que suponen lo que tenemos que hacer, lograr, tener y como debemos ser; dejar de fraccionarnos y recuperar nuestra autonomía. Soltar las muletas y bastones que nos permitieron avanzar en algún momento, y tomar a dos manos el timón en la dirección que queremos.

Las personas naturalmente estamos diseñadas para asumir las riendas de nuestra propia vida; podemos aprender a integrar nuestros aspectos y reconectar con el poder que tenemos para lograr y sostener el bienestar y la salud que tanto deseamos. Somos seres únicos, no podemos ni tenemos que adaptarnos a una forma determinada porque no hay dos seres humanos iguales; puedes encontrar tu propia ruta e ir avanzando hacia el propósito de tu salud y plenitud. Pero eres tú quien tiene que elegirlo, nadie lo puede hacer por ti.

Lo que descubrí en mi experiencia es que el camino al bienestar y la plenitud empezó cuando dejé de hacer lo que pensaba que el afuera exigía de mi y escuché el llamado de mi corazón; siempre digo que por muchos años parecía uno de estos caballos que llevan por la carretera con anteojeras que le impiden mirar a los lados y ver toda la perspectiva de su camino; por temor al castigo desde muy niña hice todo lo que decían que tenía que hacer para «hacerlo bien», con un arraigado miedo a equivocarme y una sensación de que había algo innato malo conmigo, se fue tejiendo una coraza de rigidez, control, estructura, exigencia, seriedad y disciplina que si bien me permitió sobrevivir y lograr todo lo que yo aprendí y creía que se esperaba de una «exitosa buena persona«, también sepultó mi esencia espontánea, alegre, inocente y liviana.

Pero hay tal perfección en la vida, que desde la profundidad olvidada de nuestro ser, pulsa el llamado a volver al corazón y reactivar la conexión con nuestra esencia; estoy convencida que el cambio que anhelamos hacer en la vida para estar bien, viene desde la innegable necesidad de volver a esta profundidad interna y que este momento llega para todos.

El primer paso es la decisión de asumir la responsabilidad por tí, aún cuando no comprendas profundamente qué significa; e inevitablemente es la mirada interna y la reconexión consigo mismo la que va nutriendo el amor propio y con enfoque va guiando el proceso. Decídelo y en ese momento se abrirán ante ti todas las puertas que necesitas.

Equilibrium busca incentivar el cambio que deseas, acompañarte y guiarte en este reencuentro contigo mismo, ayudándote a descubrir las herramientas más apropiadas para ti. No se trata solo de actitud positiva, también de tu decisión, acción y compromiso, para tener la maestría de tu propia vida. Vivir sano, pleno y feliz es posible para todos.