
Equilibrium nace de la experiencia de mi propia vida, de integrar los senderos más importantes de mi existencia. Por un lado, 22 años dedicados a la medicina, gran parte de ellos a la anestesiología, periodo durante el cual conocí la vulnerabilidad del cuerpo físico a través de la enfermedad y la impotencia de la ciencia ante el dolor humano y la muerte misma. Por otra parte, nace de la transformación, creatividad y madurez interna que florecieron naturalmente de mi camino de autoconocimiento. Este camino empezó a mis 28 años, cuando, ante la insatisfacción que yacía detrás de mis logros, surgió en mí un cuestionamiento profundo y un sentir de que en la vida debía haber algo más. Hoy, a mis 45 años, lo continúo transitando.
Así, mis días se movían entre las ocupaciones laborales y mi camino de crecimiento interior. En el área laboral, como siempre tuve la disposición de aprender, con el tiempo me convertí en una anestesióloga experta. No solo desarrollé un profundo conocimiento y habilidad en este campo, sino también responsabilidad, liderazgo, ética y profesionalismo. Además, en los últimos años, gracias a la facilidad y el cariño por la docencia, tuve la oportunidad de transmitir este arte maravilloso a los entusiastas residentes que comenzaban a construir su carrera. De forma paralela a mi crecimiento profesional comencé a dedicarme cada vez más a aquello que se convirtió en mi gran pasión: la autoobservación para la expansión de la conciencia. Con el tiempo, este proceso de crecimiento interior tuvo un resultado adicional e inesperado para mí: comencé a acompañar a otros en su propio crecimiento.
Al principio éstos eran dos mundos diferentes. En un escenario me adaptaba al comportamiento esperado de una doctora anestesióloga, y a pesar de ejercer mi profesión de la forma más amorosa y consciente, no era completamente yo misma, sino lo que se esperaba de mí. En el otro escenario descubría mis aspectos más íntimos y me vaciaba de la carga emocional acumulada durante toda mi vida. Con esto se fortalecían más y más mi amor propio, autoconfianza, espontaneidad, autenticidad y vulnerabilidad. Así mismo, mis interacciones se hicieron más transparentes y comencé a compartir esta experiencia de crecimiento interior con quienes me rodeaban.
En un momento en que mi conciencia me empujaba y ya no podía ni quería seguir dividida, vino la necesidad de integrar y de forma natural empecé a ser más yo misma en el escenario médico. Comencé a quitarme las máscaras que usaba para recibir aprobación y a ser más real en mis opiniones, sentires y compartires. Esto me llevó a integrarme no sólo en mi mundo interno, sino también con mi alrededor, siendo yo misma y la misma en todo momento y lugar. Fue un desafío personal porque implicó atravesar algunos de mis mayores temores en un lugar donde me parecía imposible hacerlo. Se trataba de temores que surgieron en mi infancia y que seguían infiltrando mi vida de mujer adulta: el temor a no agradar y ser rechazada, el temor a cometer un error y ser castigada o juzgada, y la inseguridad que me producía la falta de confianza en mi misma y el no reconocer mi propio valor. Muchos no podrían ni sospechar que estos miedos estaban en mí porque se ocultaban muy bien detrás de una personalidad que se mostraba independiente, segura y capaz con todo.
Sin embargo, integrar mis mundos no fue el único desafío. Ya no podía seguir acomodándome a nada; ser real y transparente era el motor que me empujaba desde mi corazón. Después de un tiempo de saborear mi nueva «yo» en acción, lo que antes percibía como normal se convirtió en el impulso que me faltaba para lanzarme al ruedo.
No tenía el espacio de tiempo que quería para crear una conexión real con la persona que se convertía en mi paciente, donde pudiera escucharlo sin afán y tenerlo en cuenta en su totalidad y no en los fragmentos en que lo convertimos las especialidades médicas desde las cuales lo abordamos. Todo era contrarreloj, sentía que no podía brindar el cuidado, la atención humana e integral que los pacientes necesitaban, así como tampoco la oportunidad de gozar del placer de servir, apoyar y sostener con la calma y paciencia que me gusta.
Todo esto generó tal incomodidad que empecé a no poder acomodarme más a la presión de tener que ejecutar tareas médicas secuenciales en gran volumen para responder a la demanda que exige el sistema de salud a través de una entidad privada, que como muchas otras son infiltradas por la comercialización de la salud e industrialización de la medicina; un lugar donde la cantidad se vuelve más importante que la calidad, es muy desmotivante. El buen ejercicio de la profesión se medía en el tiempo en que realizara las tareas anestésicas; entre menos tiempo empleara en instaurar una anestesia incluyendo el tiempo de docencia, entonces era mejor anestesióloga.
Además me entristeció darme cuenta del desinterés de la organización por sus colaboradores como seres humanos, me atrevo a decir que la inconsciencia llegaba al punto de pretender que los trabajadores fuéramos máquinas, y olvidarse de las necesidades básicas para el bienestar, como tomar tiempo para comer y pausa para descansar, hasta usar una justificación tan ilógica como afirmar que espacios para estas actividades no estaban incluidos en el horario laboral.
Viendo hacia atrás, ya estaba lista para lo que venía pero en ese momento no tenía el panorama completo, me sentía muy confundida. El sentir de estar pasando los días cumpliendo con una obligación que me ahogaba, salió a la luz cuando la vida escuchó mi anhelo más profundo y se puso en marcha, sacando temporalmente de mi vida a las personas con quienes disfrutaba la vida y me distraían de la rutina laboral. Personas muy cercanas con quienes compartía espacios profundos y agradables, y que enriquecían mis días, estuvieron fuera del país alrededor de 6 meses. En ese momento reflexioné sobre lo que estaba haciendo con mi vida y me pregunté: ¿si éstas personas desaparecen definitivamente, estaría satisfecha con lo que hago en este momento?, y la respuesta obviamente fue no. La rutina del trabajo sin disfrutar es tediosa, aún cuando amaba la anestesia, amaba enseñar, amaba compartir con mis compañeros y reír con mis adoradas enfermeras, no se sostenía más. Menos cuando aún siendo de los pocos médicos que solo trabajaba en una institución, cosa poco vista en la actualidad para esta profesión; y podía tener espacio para hacer actividades diferentes, no sentía entusiasmo de levantarme de la cama para estar ahí; todo era clarísimo, había llegado el momento de hacer un cambio.
El gran empujón me lo dio el anunció de las nuevas jornadas laborales, que si bien siendo ya pesadas cuando son de 12 horas, ahora se extenderían hasta por 15 horas, y aunque no iban a ser todos los días la desinflada fue total. Hemos normalizado tanto cosas tan absurdas que no nos damos cuenta de lo verdaderamente valioso de los días de paso que tenemos en esta corta existencia. Después de mi primer día de trabajar 15 horas continuas no hubo más duda, renuncié sin tener plan B, me lancé al abismo sin tener ni idea de cómo poner a andar el hermoso proyecto que venía rondando mi mente desde hacía varios años. Pero fue la mejor decisión que pude tomar porque quedar en el limbo me impulsó a ponerme en acción y empezar a aterrizar mi sueño.
Así empezó Equilibrium, una construcción paso a paso de un espacio holístico para que puedas recuperar o fortalecer tu salud abarcando todas las dimensiones que poseemos como seres humanos. Ha sido un tiempo para abrir mi mente y aprender nuevas herramientas, poder explorar todo en mi propia experiencia y de primera mano ir eligiendo lo mejor y más amoroso para entregarte. Tiempo de más retos, de seguir atravesando miedos, pero lo más importante, de continuar expandiendo la confianza en mi, en la vida y de reconocer finalmente lo valiosa que soy y lo maravilloso que puedo compartir con otros.
Equilibrium crece cuando yo crezco. Equilibrium avanza cuando yo avanzo. Equilibrium seguirá transformándose mientras yo sigo cambiando. Me conmueve escribir estas líneas porque tenia una arraigada creencia de no tener nada interesante, valioso y bello para entregar al mundo. Y hoy conectada con la profundidad de mi ser, sintiéndome orgullosa de mi valentía, en gratitud por mi hermosa vida, disfrutando vivir de forma consciente, libre y responsable, con todo el amor de mi corazón, comparto Equilibrium contigo. También tu puedes redescubrir la belleza de la vida y recuperar tu salud para disfrutarla.
Con cariño, Narda.
