Principios del Bienestar Integral

Gestión emocional

Las emociones son naturales y son indicadores internos de nuestro estado de ánimo. El ánimo no es estático, por esto es normal que las emociones produzcan cambios en nuestro ánimo a lo largo del día. Además las emociones se expresan de forma diversa, tienen una intensidad particular, se asocian a sensaciones en el cuerpo y pueden ser percibidas como agradables o desagradables, generando por tanto placer o incomodidad cuando aparecen. Por su naturaleza son normales y pasajeras; similar a como aparece y desaparece una ola en el mar, la emoción empieza, llega a su punto máximo y luego desaparece.

Sin embargo, aunque la manifestación emocional es algo natural, sentir emociones es más bien un problema para la mayoría. Desde muy temprano en la vida aprendemos a reprimir las emociones, es algo que copiamos de forma inconsciente de nuestro entorno y se transmite de generación en generación. Según la época en que nos corresponda vivir, van surgiendo muchas ideas sociales que sin saberlo nos van empujando a que algo tan natural, se convierta en un inconveniente. Ideas como el positivismo extremo que nos obliga a tener que estar siempre bien, o como los hombres no lloran ni sienten miedo o las mujeres tienen que ser suaves y delicadas, se arraigan tanto en nosotros hasta el punto de determinar como se tendrían que expresar nuestras respuestas emocionales.

Las emociones no son ni buenas ni malas. Al interpretar muchas emociones como algo negativo, impedimos su fluir natural pensando que no tendrían que presentarse. Es cierto que aceptamos algunas de ellas y las validamos porque nos agrada su sensación, como por ejemplo sentir alegría; pero en general, estamos descartando la mayor parte del variado y humano abanico de nuestro sentir emocional por el desagrado que nos produce. Como adultos vivimos como contenedores emocionales y al final estamos desconectados de la vida y de nosotros mismos, insistiendo en estar bien, esforzándonos por mostrarnos positivos y entusiastas, cuando en realidad estamos en un alto nivel de negación, viviendo en automático y sin sentir.

Como resultado adicional somos bombas de tiempo andantes, porque el cuerpo tiene un limite hasta el que puede tolerar tanta acumulación. Pueden empezar a presentarse síntomas que hablan del deterioro de nuestra salud, como insomnio, ansiedad, desmotivación o irritabilidad y en un momento inesperado podemos llegar al punto de explotar en ataques de violencia, ataques de pánico o caer en una profunda depresión, no solo afectándonos a nosotros mismos y nuestras actividades sino rompiendo nuestros vínculos interpersonales. Incluso me atrevo a afirmar que el cien por ciento de las enfermedades tienen un origen emocional.

Cuando inicié mi camino de autoconocimiento, naturalmente empezaron a aflorar todas aquellas emociones que estaban guardadas en la memoria de las células de mi cuerpo. Surgían emociones como tristeza, ira y miedo que eran muy incómodas y tenía la idea de que sufría y que yo estaba mal cuando las estaba experimentando. Sin embargo en la medida en que tuve más y más apertura a sentir las emociones sin juzgarlas, me di cuenta de varias cosas:

Primero, si me entregaba en simpleza a observar y permitir lo que pasaba en mi cuerpo cuando tenía una emoción, se convertía en algo más liviano y simple aunque fuera incómodo. Si atiendo y permito las emociones, estoy sintiendo conscientemente. Segundo, que la emoción no nos hace sufrir, claro que hay una intensidad física con ciertas emociones, pero son los pensamientos que tenemos sobre la emoción y la situación que vivimos los que nos hacen sufrir. Vivimos una situación, la emoción aparece y ahí empezamos a tejer una historia con los pensamientos sobre la forma como interpretamos la situación; como pensamos sobre la situación es en realidad lo que causa el sufrimiento, porque son los pensamientos los que originan resistencia y pelea con lo que simplemente es.

En mi experiencia fue desafiante abrir paso a la incomodidad, como la mayoría intentaba sostener un estado de entusiasmo y bienestar y rechazaba sentirme triste, asustada o furiosa. Funcionaba en la vida y lograba lo que me proponía pero cargaba permanentemente una densidad de insatisfacción nostálgica que no me permitía sentirme plena. Fue un proceso reaprender a sentir y recibir cualquier emoción con apertura; apertura a atender mi humanidad emocional cuando se presenta, en honestidad conmigo misma y disposición para permitirme sentir sin drama, un movimiento más ligero sin sufrir. Además, algo hermoso y completamente nuevo para mi, fue el empezar a experimentar descanso, serenidad y ligereza después de hacerme cargo de mis emociones, una expansión interna que viene cuando nos vaciamos de lo que ya no necesitamos y el disfrute de la paz que siempre está detrás del sentir, se disolvió completamente la carga que llevaba y comenzó a florecer la plenitud.

Gestionar las emociones de forma adecuada es reaprender un aspecto propio del ser humano. Cuando dejas salir las emociones dejas espacio para expandir tu conciencia y vivir en dicha. Te invito a explorar con curiosidad tu mundo emocional y abrir otra puerta hacia el bienestar.

Deja una respuesta