
Dormir es vital para los seres humanos, necesitamos dormir. No es casualidad que una persona pase alrededor de una tercera parte de su vida durmiendo; claramente no se trata de algo superficial o sin importancia para la vida. El sueño no solo es un momento de descanso, sino un proceso activo y necesario para mantener la salud.
El sueño es indispensable porque permite la reparación del cuerpo cada día. Mientras dormimos el cuerpo elimina toxinas acumuladas en el organismo y realiza procesos para la restauración de tejidos. Un sueño de calidad es soporte de nuestro sistema inmunológico; favorece la regulación hormonal que a su vez regula el metabolismo y el apetito; e influye directamente en la claridad y la capacidad mental, así como en la plasticidad neuronal. Además, dormir bien es vital para el estado de ánimo y el equilibrio emocional.
Todos en algún momento y por alguna razón hemos experimentado los efectos de la falta de sueño. Recuerdo desde cuando era estudiante de medicina el impacto del cansancio en mi cuerpo y en mi capacidad mental; cuando no dormía aumentaba mi sensibilidad al frío y al ruido, tenía dolores musculares y veía borroso, tenía más hambre, me sentía embotada, me tornaba irritable e impaciente y necesitaba forzarme para entender, razonar y mantenerme despierta. Empezó en sexto semestre cuando iniciamos las actividades de práctica clínica en el hospital; después de un día de labores académicas y asistenciales, debíamos continuar con un turno nocturno; creo que no alcanzaba a la media noche sintiéndome bien, ni siquiera el beneficio de tener veinte años podía sostener el esfuerzo para estar activa y ser eficiente. Los profesores decían que era cuestión de tiempo mientras nos acostumbrábamos. Lo cierto es que por muchos años pensé que yo era uno de aquellos que nunca lo logró. Sin embargo, después me di cuenta que no es cuestión de costumbre, el descanso es una necesidad biológica indispensable; aún cuando todavía hoy muchos colegas digan que se trata de flojera.
La ausencia de sueño lleva a un deterioro progresivo de nuestras funciones neurológicas. Provoca un desbalance cerebral hasta el punto de afectar la capacidad de concentración, la toma de decisiones y la resolución de problemas; puede también influir en la disminución de los reflejos y el control del movimiento. No dormir altera la forma como nuestro cerebro procesa la información y consolida la memoria y el aprendizaje; así, como disminuye la flexibilidad y la creatividad. Al no dormir podemos tener dificultad para gestionar las emociones y manejar el estrés, incluso presentar alteraciones del estado de ánimo y la motivación, con mayor riesgo de cursar con ansiedad o depresión.
Necesitamos dormir y tener un sueño de calidad. Dormir bien es esencial para el equilibrio de todos nuestros aspectos humanos: físico, emocional, mental y espiritual. El sueño en algunos de sus beneficios es un familiar cercano a la meditación (introspección). Puede verse como un estado donde nos desconectamos del mundo exterior y nos sumergimos en profunda conexión interior. Durante las fases de sueño profundo, el cerebro procesa emociones, recuerdos y experiencias, permitiendo que se liberen tensiones y bloqueos emocionales, que en último favorecen la autocomprensión y puede permitir obtener claridad sobre algunas situaciones. En este sentido es comparable con el resultado natural de la introspección, donde accedemos al subconsciente y desde allí nos hacemos conscientes con pensamientos y sentimientos de experiencias que estaban reprimidas, olvidadas o sin resolver, teniendo la oportunidad de gestionar todo lo que surge, para sanar mientras nos conocemos.
Pero no solo dormir en la noche influye en nuestra buena salud. Los espacios de descanso durante el día, son muy importantes para mantener el balance en todos nuestros aspectos humanos. Espacios de descanso sin hacer, solo de ser conscientes de nosotros mismos, de respirar y quedarse en el presente. Infortunadamente, en el ajetreado ritmo de la vida actual, hemos entrado en un movimiento incesante que da demasiado valor a la actividad. Vivimos en automático con el impulso de hacer sin parar, de tener que estar aprovechando el tiempo, haciendo siempre algo productivo y motivados permanentemente por estar logrando algo.
Cuando empecé a observarme, fue muy sorprendente percibir esta sensación de estar siempre de afán, como apurada, incluso estaba presente si me quedaba quieta. En ese ritmo vivía la vida, en una carrera hacia adelante buscando algo que me faltaba, sin tener claridad de lo que era, queriendo alcanzar algo que no tenía en ese momento y que pensaba que estaba en lo que hacia. Aún cuando quería descansar de tanta actividad, había mucha incomodidad en parar y no hacer. Es increíble como hasta los momentos de pausa o vacaciones estamos ocupándolos con acciones que consideramos productivas.
Siendo anestesióloga algunos días era programada en la sala de cirugía de urgencias, generalmente en esta sala no empezábamos como las demás con cirugía programada desde las 7:00am, sino que en el transcurso de la mañana surgían repentinamente los procedimientos; a lo que voy es que en ocasiones teníamos espacios de algunas horas sin actividad. No puedo olvidar que en este tiempo no podía quedarme esperando, iba a buscar en qué ocuparme, tal vez otra sala en la cual apoyar, leer algún libro o en último buscar con quien conversar; si me quedaba quieta empezaba a surgir culpa de no hacer. Ni que decir de las vacaciones que siempre estaban planificadas para ser aprovechadas. No paramos. Llenamos cada minuto del día de actividad y distracción.
Hoy tengo la certeza que todo proviene de la incapacidad de estar con nosotros mismos, del desconocimiento que tenemos de nuestra esencia verdadera y el necesitar estar siempre distraídos de esa incomodidad interna que percibimos vacía y que necesita sentir permanentemente la adrenalina que se mueve hacia algo por alcanzar para sentir que estamos vivos.
Hemos olvidado la riqueza y el impacto del descanso en la salud. Olvidamos que en realidad no nos falta nada en este momento para estar en dicha. Eso parece imposible, cuando nuestra mente nos bombardea con pensamientos de todo lo pendiente por resolver o arreglar.
Parar, cerrar los ojos y llevar la atención a nosotros mismos. No necesitamos más que la atención que observa la respiración, que observa lo que perciben los sentidos, que observa los pensamientos que tenemos y que simplemente permite la grandeza de existir sin tener que hacer. Un momento de relajación profunda sin sueño, tan simple y tan absolutamente valioso, pero nos negamos a aceptar que en algo tan fácil esté la respuesta para resolver todas nuestras dificultades y complejidades, incluso nuestras enfermedades.
Dormir y descansar forman el último principio que considero fundamental para el bienestar integral. Iré compartiendo contigo varias recomendaciones de higiene del sueño y ejercicios de atención plena que te permitirán verificar lo que te entrego en estas letras.





