
Tu cuerpo físico es el vehículo que te permite tener esta experiencia humana. A través de tus sentidos conoces el mundo y eres capaz de percibir cada uno de sus detalles. La facultad del movimiento te permite desplazarte a donde desees y explorar todas las actividades posibles. La capacidad del lenguaje te concede la oportunidad de comunicarte. Cada órgano y sistema se engrana en un perfecto funcionamiento para que pulse la vida en ti. Y algo fantástico es que posees la habilidad de dirigir tu atención a cualquier parte dentro de ti o a tu alrededor. Poder sentir y reconocer las sensaciones que tu cuerpo experimenta, te da sentido de ti mismo, te permite identificar las necesidades que tienes y pone en evidencia la permanente interacción con el entorno.
Consciencia corporal es justamente la capacidad de darte cuenta de tu cuerpo en cada instante, de percibir cada sensación que surge físicamente. Desde nuestra biología la capacidad de percibir depende del desarrollo y la maduración del sistema nervioso. Pero yendo más allá de lo físico, es tu consciencia quien te permite escuchar tu cuerpo y discernir sus necesidades, así como moverte en forma consciente y no en automático, te trae a estar presente y a tomar contacto con tu mundo interior.
Sin embargo para la mayoría de nosotros no es algo evidente, más bien vivimos desconectados de nosotros mismos, distraídos en el hacer o inmersos en nuestros pensamientos. La atención hacia el propio cuerpo solo aparece en presencia de alguna sensación desagradable e intensa que nos saca de los automáticos comportamientos del día a día.
Es frecuente que sea un síntoma incómodo o incapacitante como por ejemplo el dolor, el que lleve nuestra atención hacia nosotros mismos. Es común escuchar que muchos tienen la percepción de que es en la noche al irse a dormir cuando aparece una sensación o aumenta su intensidad. En realidad lo que sucede es que al parar las actividades y distracciones del día, nuestra atención deja de estar perdida en el hacer y vuelve a aquello que sentimos en el cuerpo, momento en que se hace evidente.
Existe también la posibilidad de lo opuesto; es decir, que aquellos con mayor consciencia de si mismos, acompañen la variada gama de sensaciones que presenta su cuerpo continuamente y puedan detectar aún cambios muy sutiles.
Estando completamente consciente de tu cuerpo dispones de la posibilidad de reconocer las señales de lo que necesitas en cada momento. Incluso conocer con precisión aquello que una sensación te está informando para diferenciar por ejemplo si lo que sientes es hambre o ansiedad, cansancio o tristeza, indigestión o miedo.
Cualquier actividad puede ayudarte a entrenar tu capacidad de consciencia corporal; las mismas rutinas de la vida diaria pueden servir para empezar a hacer este ejercicio de observación. Basta por ejemplo con que lleves la atención a las partes que están involucradas en un movimiento con curiosidad para explorar lo que sucede mientras ocurre; o que uses la información que recibes a través de alguno de tus sentidos como estímulo para mantener tu atención enfocada.
Por otra parte sabes que realizar cualquier tipo de actividad física es benéfico para tu salud. Encontrar aquella que mejor funciona para ti, según tus capacidades y preferencias hace que sea además un espacio de disfrute. Incorporar ejercicios de conciencia corporal en tu rutina de actividad física no solo es posible, sino que potencia su beneficio. Una forma sencilla de hacerlo, por ejemplo, es usar los movimientos repetitivos para llevar a ellos la atención o enfocarte en aquellos que requieren estar coordinados con la respiración.
La consciencia corporal es fundamental para empezar a cuidar de ti. Un paso más en el camino hacia tu bienestar integral
