Principios del Bienestar Integral

Alimentación consciente

Alimentación consciente es ser responsable completamente por las elecciones que hacemos a la hora de alimentarnos. Esto implica una combinación entre varias acciones: elegir comer alimentos saludables, hacer preparaciones con amor, degustarlos en absoluta presencia, ingerir las cantidades adecuadas en el momento en que el cuerpo lo requiere y disfrutar del autocuidado en pro del bienestar. Por su puesto todo va de la mano de cultivar la conexión con nosotros mismos, porque así vamos aprendiendo a escuchar nuestro cuerpo, sabiendo desde nuestra intuición lo que necesita, lo que le es beneficioso y aquello que le produce daño o no le sirve. Vamos observando, conociendo y acompañando el proceso de digestión, con elecciones en coherencia con nuestro amor propio.

Sin que sea una crítica, es un hecho que la gran motivación al decidir lo que comemos es la influencia de la tradición, la cultura y el valor que damos al sabor. Creo que en realidad son aspectos dominantes a la hora de elegir nuestras comidas. Esto no es malo ni bueno, pero elegir un camino de bienestar integral nos empuja naturalmente en la creciente apertura a la conciencia de que lo que comemos nos está nutriendo; está apoyando nuestro cuerpo para estar saludable y es amoroso elegir lo que nos hace bien.

Alimentarnos conscientemente impacta en todos los aspectos del bienestar. Es una experiencia transformadora en lo físico, emocional y mental, que surge de una profunda conexión consigo mismo.

Al momento de elegir los alimentos que comemos, es importante recordar que necesitamos unos nutrientes básicos para el adecuado funcionamiento del organismo. Son estos nutrientes los que van a convertirse en la estructura de nuestras células e impulsar el sin número de reacciones que acontecen en su interior para la vida. Somos lo que comemos. Aunque nuestro organismo tiene la capacidad de regenerarse y recuperar la salud cuando le damos la atención y los materiales que necesita; no esperes a vivir una enfermedad para darle una mirada a la forma como te alimentas. Nutrirnos adecuadamente tendría que empezar a ser el motor que impulse nuestra alimentación, algo que no tiene porque excluir el placer y el disfrute a la hora de comer. Para esto necesitamos soltar las ideas simplistas sobre la alimentación saludable. Por ejemplo, dejar de pensar que comer frutas y vegetales era una obligación de la infancia innecesaria en la adultez; y empezar a ver la verdadera protección que recibimos de estos alimentos, ahora que prevenir es más vital que nunca.

También necesitamos considerar que es urgente dejar de envenenarnos con lo que ingerimos que son cosas comestibles pero no son alimentos. Comemos muchos procesados que contienen sin numero de sustancias artificiales como conservantes, espesantes, potenciadores de sabor, aromatizantes, colorantes, etc., que no poseen ningún beneficio y menos un valor nutricional. Comestibles que sí van agregando carga extra de trabajo a nuestro hígado y toxinas a nuestro organismo. No son alimentos pero los hemos normalizado tanto que no nos damos cuenta del daño que nos causan; tampoco vemos cómo a través de estos podemos ingerir kilos de sustancias nocivas cada año. Observen por ejemplo en los supermercados como se dedican mínimo tres o cuatro pasillos a este tipo de cosas comestibles y cómo son las que llenan la mayoría de nuestros carritos de mercado.

Por otra parte, existe demasiada información y muchas veces contradictoria sobre la forma adecuada de alimentarse saludablemente. Este hecho genera confusión para quienes necesitan elegir entre las diferentes recomendaciones que se promocionan para el bienestar. Por eso es importante primero, individualizar. No estoy de acuerdo en generalizar dietas que surgen según la moda del momento. Cada uno de nosotros responde de forma diferente a un tipo de dieta. Por ejemplo, la dieta keto (cetogénica) que es una estrategia terapéutica, puede ser útil de forma complementaria temporal en personas con patologías específicas, pero nuestro organismo no está diseñado para vivir en cetosis permanentemente.

Segundo, en la medida en que se cultiva la autoobservación, cada quien necesita experimentar y verificar lo que es bueno para su salud y aquello que definitivamente no le hace bien. La orientación por un profesional puede ayudarte en saber los detalles de una determinada forma de alimentarte; pero conocer tu cuerpo y aprender a escucharlo es lo que va guiando el camino hacia una forma adecuada para ti; teniendo presente que en la medida en que tu conciencia se expande, también las nuevas formas de alimentarte se seguirán transformando.

Recuerda que cualquier cambio en tu alimentación se implementa progresivamente, es un proceso que necesita de tu paciencia y disposición para probar nuevas opciones. Tendrás momentos de gran motivación y otros con poca ilusión. Da apertura a la frustración como parte del proceso, sin juzgarte ni castigarte; siempre apreciando y celebrando todos tus pasos hacia el bienestar. No da buen resultado imponerte una nueva forma de alimentarte o un estilo de vida si no hay un deseo interno genuino de cambio. Tampoco funciona como una exigencia autoimpuesta desde el miedo a enfermar o a ganar peso; es una oportunidad de dar una mirada a todas las ideas que desde el miedo te impulsan a comer saludable y transformarlas en actos auténticos de amor a ti mismo.

Siempre estamos volviendo a nosotros mismos, a conectar con nuestra esencia y desde ahí ser coherentes en nuestras acciones y elecciones. Tu alimentación es otro aspecto que cambia cuando decides dar una mirada hacia adentro. En ese sentido, la única persona que puede encontrar la forma adecuada de alimentarte eres tu mismo. Permíteme guiarte y mostrarte las opciones del camino.

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