Interés General

Estrés

La perfecta biología del cuerpo humano está diseñada para activar mecanismos fisiológicos que nos permiten responder a situaciones de riesgo. Estas situaciones donde podemos ser lastimados o dañados, el miedo nos alerta para evitar el peligro. Cuando percibimos el peligro, se activan señales eléctricas en redes neuronales que conectan entre sí múltiples áreas cerebrales. Éstas en conjunto, disparan una cascada química de neurotransmisores y hormonas hacia la circulación sanguínea. Moléculas que finalmente estimulan sistemas del organismo que nos llevan a reaccionar mediante lucha o huida para protegernos. Durante este mecanismo fisiológico de estrés, toda la energía corporal se redistribuye entonces principalmente hacia el sistema musculoesquelético, el sistema cardiovascular, el sistema respiratorio y los sentidos, permitiéndonos así elaborar una estrategia de supervivencia en cuestión de segundos. Mientras esto sucede, por otra parte, quedan en pausa temporalmente otras funciones fundamentales del organismo, como por ejemplo la digestión, la actividad inmunológica, funciones de la piel y la regeneración celular entre otras. Estas funciones, cuando el peligro ha terminado, retoman su actividad, volviendo tu cuerpo a su estado fisiológico normal.

Aunque es una respuesta intensa, no es negativa en sí misma para el organismo; tiene la función de protegernos ante amenazas reales. Si un ladrón pone en tu garganta un cuchillo mientras te insulta para que le entregues tus pertenencias, esto es una amenaza real, tu organismo se alista para responder rápidamente; tal vez ágilmente te comunicas mientras entregas todo para no ser lastimado, o quizás reaccionas con tu habilidad física para escapar. Sea cual sea la respuesta tu organismo te apoya alistando tu cuerpo para defenderte.

Sin embargo en el ritmo de vida como hoy lo conocemos, aprendimos inconscientemente a convertir las actividades cotidianas en preocupaciones amenazantes, como si se trataran de peligros mortales. Vivimos en una carrera diaria en modo automático detrás de la zanahoria del próximo «hacer» para una vida mejor. Motivados por la falsa sensación de acercarnos a la meta de un futuro grandioso, nos perdemos en rutinas que nos dejan girando en la rueda de hámster sin fin. De esta forma generamos amenazas mentales, que comienzan con un pensamiento que anticipa la posibilidad de peligro, por ejemplo: «voy a llegar tarde al trabajo», le damos toda nuestra atención haciendo que se teja una red de pensamientos que crecen tal cual una bola de nieve, agregando más ideas como: «si llego tarde pierdo el trabajo», «sin trabajo no tendré dinero», «sin dinero no podré pagar mis deudas», «por las deudas voy a perderlo todo»…. Nuestro cerebro toma el pensamiento con una realidad convirtiéndolo en una amenaza real para la vida, activando en el organismo toda la respuesta al estrés como si necesitaras sobrevivir, cuando en realidad no está pasando nada.

Sin saberlo hacemos de este estado de estrés fisiológico protector una forma de vida. Todo es motivo para anticipar posibilidades que la mayoría de las las veces son negativas o desafortunadas. Permanecemos atrapados en la mente generando miedo desde estas posibilidades, fomentando una elevación constante de hormonas y neurotransmisores, que resulta en un estrés constante o crónico. La respuesta protectora de nuestro organismo deja de serlo para convertirse en el inicio de nuestro propio desequilibrio, el elevado nivel de sustancias del estrés pasa a ser el origen del deterioro de nuestra salud.

Cada día se sigue reforzando más este mecanismo de estrés, que al pasar a ser permanente va sepultando la capacidad propia del cuerpo de autorregularse. Y como para todo exceso, el cuerpo tiene un limite. Con los años tu cuerpo no puede sostener más el impacto del estrés crónico y se dispara la posibilidad de enfermar.

Estamos tan desconectados de nosotros mismos; con nuestra atención tan perdida en el sin número de actividades y distracciones externas, que no nos damos cuenta de que la causa del estrés es creer en todos los pensamientos que tenemos cada día. Los pensamientos son solo pensamientos, si tuviéramos la atención en nosotros mismos por un instante, podríamos tomar distancia de la mente y darnos cuenta que siempre tenemos la opción de creer o no en ellos. Son solo una propuesta de la mente para nosotros. Así como en su función el corazón se contrae para bombear sangre y los pulmones se encargan de oxigenarla, la mente piensa, esa es su tarea. Podemos tener más de cien mil pensamientos en un día, pero tenemos la opción de elegir entre ser observadores de este movimiento mental y escoger cuales pensamientos son útiles; o convertirnos en una marioneta que se balancea hacia cada idea que aparece en la mente.

Desactivar la respuesta al estrés en el organismo para recuperar el equilibrio no requiere apagar la mente o dejarla en blanco. Tampoco se trata de luchar contra el estrés. Sino de empezar a cultivar la conexión con nosotros mismos, con nuestra capacidad de observarnos, de permitirnos hacer una pausa consciente. Esa pausa nos invita a preguntarnos: ¿qué está ocurriendo conmigo en este momento? y en lugar de reaccionar automáticamente, nos da el espacio para observar los pensamientos que aparecen, las emociones y sensaciones corporales que surgen. Al darnos ese espacio para sentir todo lo que emerge en nosotros sin reaccionar, interrumpimos el piloto automático del miedo y abrimos una espacio hacia el presente. Esta simple pero poderosa práctica de redireccionar la atención, es un volver a nosotros mismos y permite que el cuerpo vaya poco a poco desactivando la cascada química del estrés y todos los sistemas van retornando a su función adecuada. Es un proceso que no puedes controlar, necesitas ser paciente y gentil contigo mismo. Nos gusta la inmediatez para solucionar todo, parar puede ser desafiante pero es muy gratificante. Más atención cultivamos hacia nosotros mismos cada instante, mayor posibilidad de ver que tenemos la opción de elegir conscientemente qué pensamientos usar y cuáles soltar; este simple ejercicio se convierte en un acto de autocuidado y amor propio.

El bienestar no se encuentra en hacer más, ni siquiera cuando el hacer sea de actividades de disfrute; sino en aprender a parar y permitirnos simplemente ser, respirar y vivir desde la presencia. En esa presencia podemos restablecer la salud y abrir paso a una vida más plena y consciente. Si no puedes creer que algo tan simple sea la solución, has la prueba, verifícalo en tu propia experiencia, date la oportunidad, es una posibilidad disponible para todos.

Interés General

Detox integral

Ahora que empieza un nuevo año, tenemos una perfecta oportunidad para hacer espacio a un detox integral.

Al avanzar en el camino del autocuidado, paralelo a ir nutriendo nuestros aspectos humanos: físico, emocional, mental y espiritual; una parte muy importante del proceso, es ir limpiándonos de todo aquello que no nos hace bien. Es decir, eliminar toxinas y sustancias dañinas para nuestro organismo. Un proceso que puedes llevar a cabo mientras continúas tu rutina de vida.

Para este fin, el cuerpo tiene órganos específicos que realizan esta función; como el hígado, los riñones, los pulmones, el sistema digestivo y también la piel. En principio las sustancias tóxicas van siendo eliminadas eficientemente por estos órganos; pero a lo largo de los años vamos saturando nuestro sistema y estas dejan de eliminarse satisfactoriamente y se van acumulando. El cuerpo tiene un límite hasta el que va a permitir la saturación de tóxicos; pero siempre antes de su máximo, nos empezará a enviar señales de alerta. Aprende a escuchar las señales de tu cuerpo, así sabrás cuando necesitas hacer una limpieza y conocerás lo que es benéfico y lo que no lo es para ti. Cuanto más limpio está el cuerpo más rechaza lo que no le conviene.

Ante una temporada de excesos, el organismo se puede llegar a sobrecargar e incluso terminar en una enfermedad.  La buena noticia es que existen varias estrategias simples a través de la alimentación y el ayuno, que son poderosas para apoyarnos en la tarea de limpieza. Además el movimiento del cuerpo al hacer actividad física y el consumo frecuente de agua, le dan un empujón al organismo en la eliminación de tóxicos. Por su puesto no olvides el contacto con la naturaleza.

Pero no solo es importante la limpieza de nuestro cuerpo físico. Un detox integral también nos invita a dar una mirada a otros aspectos. Como aquello en lo que elegimos poner nuestra atención y a lo que puede influir en nuestro bienestar. Por ejemplo, ¿qué tipo de información estás recibiendo a través de tus sentidos: qué lees, qué escuchas, qué ves?,¿estás sintiendo tus emociones o las estas acumulando?, ¿estás siendo transparente y claro a la hora de comunicarte en tus interacciones o estás guardando lo que realmente piensas?, ¿puedes observar tus patrones de pensamiento sin engancharte en ellos?.

Por tanto, a los excesos en la comida tenemos que sumar el estrés emocional y mental. El cual para la época puede generarse en los encuentros familiares, donde usamos máscaras para encajar u ocultar nuestros verdaderos sentimientos; de los gastos extras en los festejos, regalos y viajes, que desequilibran nuestras finanzas; e incluso del desorden en nuestros hábitos de sueño y descanso, por los trasnochos y exceso de actividades. Los altos niveles de adrenalina y cortisol resultantes, aumentan la carga de trabajo de nuestro organismo y su capacidad de desintoxicarnos.

El detox integral es una forma práctica de desintoxicación a todo nivel. Sin embargo, si nunca has hecho un detox, debes saber que la movilización de toxinas del cuerpo puede ser como una tormenta de desechos que se liberan y circulan, pudiendo causar efectos desagradables y en algunos casos adversos. Como resultado afectar el estado de ánimo, la capacidad de concentración y nuestro comportamiento.  Por eso, además de tu entusiasmo, necesita ser un proceso guiado que te prepare para una desintoxicación amigable y segura. Nunca debes introducir cambios bruscos, tu cuerpo necesita adaptación.

En el aspecto físico, primero es fundamental no forzar tu cuerpo a desintoxicarse. Elige el paso a paso de opciones simples, amables y  naturales. Identifica y evita cualquier factor externo adicional que pudiera ser tóxico, como fármacos innecesarios, alcohol o drogas entre otros. No prolongues caprichos por mucho tiempo, date cuenta cuando es suficiente. Suspende o disminuye los alimentos que no te benefician. En general incluye paulatinamente variedad y cantidad de aquellos alimentos benéficos, así como mucha agua. Prefiere cocciones que conserven los nutrientes.

También recuerda que cada uno de nosotros es único, por tanto nuestros cuerpos responden de forma diferente. Lo que es bueno para mi tal vez no lo es para ti. El más alto nivel de evidencia viene de verificar en tu propia experiencia cada recomendación.

Por otra parte, desintoxica tu mente y tu aspecto emocional. Asume la responsabilidad completa por tu sentir, identificando y expresando adecuadamente tus emociones; no las reprimas ni lances tu carga a los demás. Cultiva la honestidad contigo mismo sobre lo que sientes y piensas, no justifiques nada. Empieza a observar tu diálogo mental. No asumas o supongas el significado de nada, pregunta y busca aclarar. No tomes nada personal, cada quien vive en su propio mundo, teniendo sus propias preocupaciones.

Si das espacio a la introspección verás como la desintoxicación mental y emocional serán una respuesta espontánea y natural. Las relaciones humanas son la mejor herramienta que puedes usar para observarte y conocerte.

Dale espacio al descanso: «il dolce far niente» que se traduce como «el dulce placer de no hacer nada» frase famosa y culturalmente significativa en Italia; que valora el disfrute de los pequeños detalles cotidianos y el simple placer de existir sin la presión ni la obligación del hacer. Date tiempo de descanso de calidad sin distracciones; relájate sin necesidad de estimular tus sentidos con un sin fin de actividades.

Los beneficios del detox integral los verás inmediatamente reflejados en tu salud. Aumentan tus niveles de energía; mejora la calidad del sueño y la capacidad cognitiva; disminuyen las molestias digestivas; y te sentirás liviano y en paz.

Recuerda la importancia de sostener amorosamente en el tiempo, aquellos hábitos que te traen bienestar y evita retomar hábitos que sabes pueden causarte daño.

Si quieres profundizar la información y realizar un detox integral; te espero para guiarte y acompañarte. ¿Aceptas el reto?